Nadie se salva solo

by SMATA Central
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El SMATA creció en estos años gracias a un gobierno que pensó transversalmente en los trabajadores y trabajadoras. No fue casual, no fue magia. Fue una idea llevada a la práctica, fue el convencimiento de una sociedad que puso el hombro para que eso ocurriese. Pero SMATA también creció por la idea de una conducción clara de construcción a futuro. El bien preciado que cualquier gestión política comprometida puede legar es una base consolidada para enfrentar la construcción del mañana.

SMATA interpretó este futuro que hoy vivimos. Años atrás no arriesgó el capital humano y económico del aporte de sus afiliados a una timba financiera, no, construyó una realidad sin especulaciones de mercado. Puso como norte la seguridad social de su gente y en ese esfuerzo incluyó a todos y todas. Materializó el futuro construyendo sanatorios, centros de atención primaria, espacios de recreación para la tercera edad, centros de formación profesional. Para que hoy podamos paliar juntos esta crisis hace años se formaron jóvenes en las carreras universitarias que el gremio promueve en las universidades nacionales que forman parte de una red comprometida con el trabajo de calidad.

SMATA no es una casualidad, es una firme decisión política. Fue clara la visión de unidad ante las adversidades, con diálogo, con formación de base tomando el magisterio de aquel discurso de mayo del 2003: ser el cambio cultural y moral que demanda la hora. SMATA sostuvo el trabajo aún en los momentos más crudos de nuestro país en los pasados años. Y aún así en ese ojo de la tormenta el gremio puso en pie instrumentos para todos y todas. Es que el SMATA sigue ese magisterio conceptual que propone Francisco, nuestro peregrino de la concordia, y que es apostar por los dos polos de la vida que son las promesas de los pueblos y que hoy sufren la exclusión. Apostar por los jóvenes, y por eso nuestra contención educativa y de formación profesional a más de cinco mil pibes que buscan construir su futuro; y el cuidado de los más maduros, de la generación de jubilados que tienen consigo la memoria de los pueblos. No nos hemos movido un ápice de estas enseñanzas, desde la primera hora comprendimos algo que hoy el Papa nos sigue poniendo como norte: nadie se salva solo. Hacia eso SMATA viene construyendo.

Y lo hizo en los últimos años desde una óptica política, uniendo partes de un entramado social y político que tuvo diferencias pero que siempre persiguió el mismo objetivo: la unidad del campo popular para el futuro de la Argentina. SMATA fue y es eso, un mesa donde conviven opiniones de diversos matices pero con un fuerte sentido de justicia social. Lo demostramos en la amplitud de la formación política de nuestros delegados y delegadas, y también lo mostramos cuando nos sentamos a priorizar la Argentina con quienes debíamos, a hacer fuerza para construir, entonces, ese futuro de unidad que es hoy esta Argentina Unida. Así superamos esa otra pandemia que pasamos, esos cuatros años de obras y políticas tan invisibles como el virus que hoy nos pone en alerta. Pero lo conseguimos, como seguramente saldremos de esta. Unidos, como dice Francisco saliendo a la calle, saliendo a la calle para acompañar a todo aquel que nos necesita. A luchar por los valores.

SMATA, tuvo que sostenerse para no caer cuando le pegaban en los tobillos. Ese gremio que allá por el 2003 le habían quedado solamente 23.000 afiliados, 3 centros de formación profesional, y hacía lo imposible para mantener una Obra Social totalmente deficitaria. Este gremio que creció con sus afiliados, por la ecuación simple de que se generaron miles de puestos de trabajo, gracias a miles de inversiones promovidas por un gobierno que entonces y ahora apuestan al futuro del país. Hoy ese gremio Alcanzó 80.000 Afiliados, más de 50 centros de formación profesional en la argentina, potenció su turismo social, su acompañamiento a quienes más cuidados necesitan, a todos los que la obra social que no desampara. Esa obra social que no es un producto de marketing sino una respuesta real a la atención de la vida. Pero SMATA así como trabajó con la proyección a futuro que le permitió hacer frente a esta pandemia, también milita la idea de un país con una fuerte industria automotriz. Las ideas no quedan solo en discursos, porque trabajamos en la construcción de la Ley de Autopartes para que cuando hablemos de un sello industria argentina sea realmente un concepto integral.

Esa es la Argentina que queremos. La que ve hoy el fruto de años de un gobierno que impulsó y solidificó una noción de país. El otro país. El de la gente que camina, el de un gobierno que ordena las esperanzas, y orienta los entusiasmos, el país donde los gremios, como SMATA y su gente pone su mejor fibra al servicio de la historia de la patria.

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